El costo emocional (parte I)

Conciencia, 09/feb/20

A veces tengo la sensación de ser muy pequeñito pero montado en los hombros de una descomunal historia.

Si recordamos que el infinito se manifiesta en nosotros a través de dos principios: La Unidad y la Diversidad. Podemos comprender como a través del principio de unidad no solo gozamos de esa igualdad que nos otorga el “corazón”, como el lazo humano fundamental, aquel nivel de consciencia más allá del tiempo que muchas culturas antiguas reconocieron como el hogar de la divinidad, el paramatma de los hinduistas, sino que este principio de unidad también nos conecta a través del tiempo con el corazón de los primeros seres humanos. El principio de unidad es invariable, inmutable y eterno mientras que la mente –que expresa el principio de diversidad- no solo difiere extremadamente entre individuo e individuo sino también en el tiempo. En resumen el “corazón” del ser humano siempre fue el mismo mientras que su mente recorré el camino de la evolución –por lo menos en teoría y para algunos-.

En los últimos 50,000 años años nuestra mente ha cambiado mucho, tanto que es casi inimaginable entender cuánto, si lo comparamos midiendo cómo cambia la mente en tan solo una generación…

Más allá de la evolución mecánica –la de la naturaleza- hoy más que nunca las circunstancias nos obligan a asumir permanentes cambios para adaptarnos y seguir el ritmo de los acontecimientos. Hay algo que nos empuja adelante irremediablemente y el gran dilema de la vida hoy se plantea como: evolucionar o morir.

El gran problema es la interpretación de la palabra adelante. Para la inmensa mayoría seguir adelante es continuar el curso del camino que hemos estado siguiendo, es perseverar en la idea que solo la tecnología va a resolver el acertijo sobre la evolución humana y que esta nos va ha dar toda la felicidad y bienestar.

Pero la discusión no está ni estará en que si la tecnología es buena o no. Ella es tan solo una herramienta. Todos sabemos que los mayores avances de la tecnología han sido “gracias” a la industria bélica, ella siempre tiene la primicia en todos los campos y cuando obtienen lo que necesitan la tecnología se recicla en uso comercial.

Lo que no saben es que todo este desarrollo tecnológico no es sino el primer paso en nuestra escalera evolutiva, es nuestra relación con el primer nivel de existencia que es la materia y que toda esa fastuosa inteligencia que los hace sentir tan orgullosos solo representa el nivel más básico de inteligencia. Es la inteligencia que se despierta para conocer y tener una relación con lo material.

Pero que saben realmente sobre la posibilidad de conocer y tener una relación con las emociones.

El mundo emocional se descubre a través de la sensibilidad interior que nos permite percibir los estados de ánimo que suceden dentro de nosotros. Nuestras alegrías, tristezas, esperanzas y decepciones…en fin todo un mundo repleto de las más variadas y desconocidas emociones que nunca nos hemos detenido a analizar. Este universo es tan vasto como el que existe afuera y algunas emociones -como la indesmayable gratitud por la vida- podrían ser tan lejanas como alfa centauri (el siguiente sistema solar). Asi que podríamos ser muy ricos y muy inteligentes en términos materiales pero muy pobres y muy ignorantes emocionalmente hablando.

Esto es para mi el ADELANTE. El siguiente paso de nuestra evolución NO es llegar a Marte, es conocer el universo emocional de manera que nos provea de riqueza emocional y felicidad.

En otras palabras este ADELANTE quiere decir HACIA ADENTRO.

Para entender esto no podemos olvidar que la energía se manifiesta en el siguiente orden: Lo material, lo emocional y lo intelectual.

Si ubicamos la inteligencia material como el nivel más externo –mirándolo de afuera hacia adentro- y queremos empezar el camino del autoconocimiento vamos a encontrarnos con un gran problema: El costo emocional.

Una de las grandes verdades es que todo tiene un costo en la vida, y aunque alguien te regale algo, no quiere decirque no costó, quiere decir que alguien más pagó por eso.

El costo emocional es aquello que tenemos que asumir emocionalmente por cada decisión que tomamos.

Cada decisión que tomamos va ha tener un impacto en nuestras emociones. Si tomamos una decisión acertada va ha influir positivamente en nuestras emociones. Pero ¿qué es una decisión acertada?

Podemos tomar una decisión que desde el punto de vista material parece acertada pero que genera un altísimo costo emocional. El mecanismo es el siguiente, al no poder (pagar) asumir el costo emocional tenemos que buscar un pensamiento, una ideología incluso una religión que justifiqué nuestras barbaridades. Esto bloquea nuestra consciencia.

Si fueramos sensibles a nuestras emociones las cosas no estarían como están.

Una decisión acertada es actuar en función del bien común y no del egoísmo. Cuando uno actua de forma egoista o incluso indiferente por dentro se siente agrio, mezquino, sucio, cobarde y muchas cosas más y me condeno automaticamente a vivir solo en la superficie. Pues con un poco de consciencia tendría que asumir el no muy elevado estado de mis emociones. Todos somos egoistas e indiferentes en mayor o menor medida pero no todos queremos transformarnos con la misma voluntad ni a la misma velocidad. No todos le ponemos la misma energía a esta transformación. Mucho depende de cuan hart@ estes de vivir en un lugar incómodo e insano, de cuan consciente seas de esta situación y cuánta energía tienes para mudarte –emocionalmente- a un lugar mejor.

El ser humano es bueno por naturaleza más en su camino de buscar la felicidad y el bienestar –por pura ignoracia- cometemos muchos errores que implican un alto costo emocional.

Mirémoslo a través de ejemplos. Cada vez que elegimos un trabajo o una actividad que nos brinda una satisfación económica pero que perjudica no solo a la madre Tierra sino a la humanidad entera nos traicionamos a nosotros mismos. Traicionamos nuestra bondad, nuestro corazón, quizá en ese momento no tenemos el valor de rechazarlo o no tenemos la confianza de esperar algo mejor y el miedo nos domina sin mirar el costo emocional.

Pienso en la cantidad de buenas personas trabajando en la industria farmacéutica, alimentaria, bélica, científica, médica, en los bancos e incluso en el cine y todas las artes. Cada uno de ellos tratando de aportar lo mejor de sí, quizá sin entender que somo meras piezas de un mecanismo que va en contra de la evolución.

No es fácil vivir con esa sensación de que estoy haciendo las cosas mal y que el fin nunca justifica los medios, ya muchos entendemos que el camino es la meta.

El costo emocional va incluso más allá de la razón. Si tengo que reclamar algo que por justicia me “pertenece” y eso implica usar un medio que provocaría una mala emoción la pregunta sería: ¿de cuánto dinero estamos hablando?

¿No nos hemos dado cuenta que vendemos nuestras emociones y nuestra consciencia por dinero?. Nos aterroriza asumir esta verdad.

Si alguien me roba un dólar, quizá me sonría, si me roba 10 podría pensar que quizá los necesita. Si fueran 100 pensaría que tiene raras costumbres, con 1,000 sentiría mucha compasión. ¿qué cifra tendría que tocarme para que me enoje?

Y así no solo con dinero, constantemente recibimos “impactos” emocionales al interactuar. Permanentemente estamos siendo invitados a experimentar todo tipo de emociones negativas pero ¿por cuánto suelto mi paz para que el enojo y la infelicidad se apoderen de mí?

Ciertamente hay cosas o eventos que tienen un costo altísimo, sendos atropellos o calamidades y nos cuesta mucho soltar, las ideas de la razón, la “justicia”, pero cuando pongo todo eso en balanza…sino estoy en ese momento ya gobernado por algún patrón y puedo reflexionar no dudo en abrazar la paz y mis más bellas emociones.

Desde niño tuve la impresión que la sociedad actual vive en forma contraria a la vida, a la evolución. Siempre tratando de acumular, hasta que el peso de lo “acumulado” se vuelve insostenible. Nos cuesta tanto aprender a soltar, también en lo material pero sobre todo en lo emocional. El concepto actual de riqueza esta basado en la acumulación, no en el flujo, que es la ley de la vida.

Incluso creemos que acumular conocimiento es bueno y no digo que sea malo pero no es lo más importante. No creo que haya dicho nada que en el fondo no sabías, el problema es que en dos horas ya te lo olvidas.

Llevo la gloria de no haber inventado nada, solo la alegría y la paz de quien descubrió algo verdaderamente importante: El orden que la madre me enseño.