El costo emocional (parte II)

Conciencia, 16/feb/20

La única y verdadera maestra de la existencia es la Madre Naturaleza, ¿cuánto tiempo más va a pasar antes de reconocer este hecho? Por eso resulta paradógico que nos empeñemos tanto en destruirla.

La Naturaleza no es cruel, es implacable. Está regida por leyes que la conforman y la organizan. Si una jaguar ataca a un pequeño venado no es por crueldad, es la implacable ley de la supervivencia que la lleva a procurar su alimento y el de sus cachorros.

La ley fundamental en la naturaleza no es el libre mercado, es la ley de la eficiencia. Para sobrevivir y no perder innecesariamente energía los árboles dejan caer sus hojas en otoño. Para sobrevivir en territorios sin agua las plantas (en miles de años) cambiaron sus hojas por espinas.

Todo está basado en la eficiencia que es también la inteligente adaptación, aquella que te permite continuar en el proceso evolutivo, no la adaptación que te degrada.

La terquedad, la traición, la crueldad y la necedad no están en la Naturaleza, son manifestaciones exclusivas de las emociones humanas. En la Naturaleza todo nos habla sobre transformación y evolución. Así podemos ver procesos que han tomado millones de años para manifestar increíbles cambios, pero también las especies han creado mecanismos que no solo les permiten sobrevivir sino atravesar un proceso de selección natural el cual hace que la especie –generación tras generación- sea más fuerte y mejor adaptada.

Vemos en la Naturaleza como las aves migratorias realizan semejante proeza viajando miles de kilómetros aunque muchas mueran en el camino; del mismo modo las mariposas han de hacer un tremendo esfuerzo por dejar atrás la crisálida, la que significó para ellas otra forma de vida (como gusano) antes de poder desplegar sus alas y volar. He visto muchos nacimientos de mariposas y también he visto que algunas no lo logran. Todo es una mágica combinación entre la energía de que dispones, el factor Tiempo y una tercera variable que es una gota de misterio (me resisto a llamarla suerte o destino).

La gran paradoja del ser humano es que no es propiamente un ser humano. Es un proyecto de ser humano y ha de atravesar y completar un proceso de transformación para llegar a la plenitud y desarrollar todo su potencial. Me hace recordar a Nietzsche y su teoría “del super hombre” -que en realidad debió llamarse del super humano- pero para mi no se trata de ningún “super” es solo de descubrir el potencial e intentar alcanzarlo tan solo para graduarte de ser humano, no de chamán ni de iluminado (eso no existe, son tan solo estereotipos y clichés).

Un niño o una niña no son un hombre o una mujer, son proyectos de vida que si logran la meta alcanzarán su plena manifestación.

¿Cuál sería la plena manifestación de la especie humana? No me cabe duda que estamos aquí para manifestar el Amor. Esto es lo que nos diferencia de los hermanos animales.

Pero aquí hay que tener mucho cuidado para no caer en infantilismos y entender que de ninguna manera la semilla es el árbol. La palabra Amor se ha distorsionado tanto que es bueno recordar que su naturaleza esencial es la incondicionalidad. Decir que amamos a alguien mientras esta cumple nuestras expectativas o satisface nuestros deseos es mentirnos. Por eso estamos tan confundidos porque ni siquiera usamos adecuadamente una palabra tan importante. Hay quienes piensan que pueden comprar Amor con 10 dólares o traicionar su Amor para ganar “algo”.

Todo nuestro proceso depende de que la semilla del Amor logre germinar y se vuelva una plantita tan fuerte… que a pesar del clima, la sequía y los pisotones que le pueden caer encima, logre resistir y convertirse en un joven arbolito que se salve de los leñadores para que algún día pueda ser un maravilloso árbol que de buena sombra y delicioso fruto.

El Amor representa la energía o la vibración correspondiente al cuarto nivel, vibra en la frontera de aquello que está listo para dejar el mundo de la forma, pero nosotros estamos en el primer nivel tratando de entender qué significan las emociones, tratando de surfear esas enormes olas del deseo, los apegos, la frustración, la alegría y la tristeza, los celos, el rencor, la envidia, la indiferencia…

Porqué es tan difícil llamar a las cosas por su nombre y al sexo decirle sexo y al Amor decirle Amor. Porqué tengo que mentirme y mentirles diciéndoles que los amo cuando a la primera cosa que hagan -que no me agrade- los voy a ignorar.

La verdad te da energía y la mentira te la quita. De esto depende tu vida, de esto depende que tengas la fuerza para salir de la crisálida, de esto depende que tengas la energía para atravesar el canal del parto y ver la luz.

Nietzche sufrió el desprecio y la incomprensión de su sociedad por atreverse a intentar liberarnos de todos los delirios y fantasías espirituales para proponer una visión más real del ser humano y su potencial. Muy pocos entendieron de que hablaba y lo llamaron ateo. Pagó un alto precio pero nos abrió el camino.

Hölderling le regaló a Hegel su amor por la Naturaleza y el entendimiento de los 4 elementos que recogió de Heráclito y el mundo griego.

Todas estás semillas fueron plantadas hace menos de 200 años antes de caer en el hechizo del materialismo que nos hizo olvidarnos de todo, hasta de nuestra Madre.

Somos el cuarto reino de la Naturaleza, incluímos dentro de nosotros el mundo mineral, vegetal y animal pero además tenemos el inmenso privilegio de manifestar en plenitud lo que en los anteriores reinos es solo una semilla. Este es nuestro trabajo y nuestra responsabilidad dentro del tiempo biológico que nos conceden. Intento tras intento, generación tras generación nuestra especie tiene que lograr que el Amor sea patrimonio de la especie, no solo de un individuo. Todo puede suceder, nos podemos extinguir por cretinos o podemos lograrlo. ¿De quién depende? o ¿A quién le vamos a echar la culpa?

El gran secreto de la transformación está en el grado de interacción que tenemos con la vida (y esto tiene un costo). Ya no son tiempos de vivir en una cueva o un monasterio esperando la iluminación. La transformación de nuestras emociones se logra mediante la fricción en nuestra vida cotidiana. Aprender a soltar.

Es tan simple que no nos damos cuenta, la inmensa mayoría de nuestro sufrimiento es porque no hemos aprendido a soltar, no queremos soltar y no nos importa recordar que al final igual tenemos que soltar todo, hasta la vida.

Soltar las creencias, los patrones, la necesidad de controlar, la neurosis…este es el camino al Aire.

Alguien que se da cuenta de la inmensa fortuna que se puede perder o ganar a cada instante no vive de forma apática o conformista, sino que se sube a la montaña rusa de las emociones y vive intensamente hasta descubrir cuáles son las emociones que nos elevan y nos transforman y cuáles nos enferman y nos destruyen.

Si no me arriesgo a salir de mi zona de confort, si no salgo de mi burbuja dorada de sueños y creencias y no me arriesgo a experimentar toda la intensidad con la que se puede vivir mi potencial de transformación será mínimo.

Hemos de pagar –en el sentido positivo- el costo emocional que el milagro de la vida merece. No hay nada más peligroso y destructivo que una vida tranquila, hay que arriesgar, caerse y levantarse, mejor morir en el intento de ser libre que ni siquiera intentarlo.

La verdad te da energía y la mentira te la quita, no lo repito por error. Lo implacable de la vida está en que quien no consiga la energía para que sus alas logren migrar del gris invierno de las emociones toxicas –aunque se disfracen de pretextos y fantasías religiosas- serán abrazados por el gélido aliento de la muerte.

No basta ir a misa los Domingos, no basta meditar una hora diaria, tienes que encontrar la manera –tu manera- de que la consciencia –gradualmente- te habite 24 horas.

Solo obsérvate a ti mism@. ¿Cuántas veces al día se interrumpe tu conexión y por cuánto tiempo? ¿Cuántas horas al día te olvidas de para qué estás aquí realmente?

No es que sentarte en un sitio tranquilo a meditar –donde nadie te molesta- no tenga sentido, es que caminar por la calle -donde todo te molesta- y conducir y trabajar intensamente e interactuar con gente no exactamente muy iluminada tiene mil veces más sentido. La soledad y la tranquilidad son tan solo la cereza del pastel.