El poder detrás del poder

reflexión social, 05/abr/20

El covid-19 ha puesto a la humanidad en un lugar casi totalmente desconocido, y digo casi, por que lo único realmente conocido es el miedo. El resto se ha vuelto un desafío extremo para atender y entender el presente en las condiciones más inciertas que nunca antes se haya vivido. Bienvenidos a la realidad.

A mi parecer la gran mayoría hemos venido viviendo algo muy parecido al “sueño americano”. En él, solo nos esperaba el progreso y el bienestar y nada nos podía pasar porque “Dios bendice América”. Palabras fáciles parecidas a las de Trump -antes del ridículo mundial- al desestimar la gravedad de la pandemia e insistir que su gobierno “lo hizo todo muy bien”. Esto le puede costar a EEUU. entre 100 mil o 200 mil muertos, pero Trump seguirá insistiendo “que lo hicieron muy bien”. A veces parece que si sabe lo que dice.

La información y el debate están centrados en los terribles efectos que esto puede traer para la humanidad, no solo por el elevado número de muertes directas relacionadas con el covid-19 sino también por los devastadores efectos que este pudiera generar en la economía mundial con un consiguiente número de muertes 10 veces mayor que los casos relacionados directamente al covid-19.

Entonces leemos esto, nos espantamos y nos quedamos enganchados con el miedo. Ya no será el covid, luego será quizá el miedo a la crisis, pero las situaciones no se resuelven con miedo sino con soluciones. Sin embargo el miedo ejerce una desconcertante y absoluta fascinación en el ser humano. Nos da miedo pero a la vez nos gusta sentir miedo. (Una de las razones por las cuales la prensa amarilla tiene tanto éxito económico).

Es un juego absurdo que viene desde la niñez, cuando jugábamos a asustarnos y/o a ver estúpidas películas de terror. Es algo que todavía no tenemos correctamente procesado: Distinguir entre el miedo real (el que te puede salvar la vida ante un hecho real) y el miedo creado por la mente basada en la pura especulación del pensamiento negativo. Todos los que creen en la ley de Murphy -y aunque la desconozcan- no saben nada de física cuántica.

Es mucho más fácil vivir echándole la culpa a medio mundo que asumir la vida siendo responsable de tu co-creación.

Si bien ya había una tendencia en siglos anteriores, es recién en el último siglo que se terminó de perfilar el modelo de sociedad que nos gobierna.

Hemos creído ingenuamente –incluso grandes científicos y personajes importantes aún lo creen- que se puede construir la sociedad humana AL MARGEN DE LA NATURALEZA. Esto es para mi el meollo del asunto y no el circunstancial covid-19.

Hemos ignorado Y VIOLADO todas las leyes de la ecología, incluidas hasta las sanas relaciones humanas, (la explotación es un crimen inadmisible pero legal) y pensábamos que no nos iba a pasar nada.

Los medios hablan y le echan la culpa al terrible virus del corona o el evola, así como anuncian que la gran asesina de la humanidad es la “diabetes”. No dicen que la verdadera causa es la adicción al azúcar que venden Nestlé, Coca Cola y todas las empresas de golosinas. Nada más propio que la frase “ciegos guiando a ciegos”. Una de las cosas que más caro se paga en la vida es la soberbia y esta muchas veces se enmascara en la incondicional certeza (religiosa, política y hasta científica). Lástima que la arrogancia de los que dicen saber como conducir la humanidad la vamos a pagar todos.

Estamos enfrentando una situación sin precedentes, pero el debate sigue enfocado en como SALIR DE LA CRISIS PARA SEGUIR CON LO MISMO. Cuántas personas serias salen en los medios a decir: ¿No será que estamos confundidos y estamos tomando el síntoma como la enfermedad?, ¿No será que nuestro modelo social-político-económico-religioso está un poco equivocado?, ¿No será que la forma de vida más pequeña esta a punto de derrotar a la arrogancia de esta sociedad?

Algunos se creen tan poderosos e inteligentes que después de haber explotado y destruido la Tierra, ahora piensan que el planeta ya no tiene remedio y hay que ir a Marte. Y lo peor es que según ellos el coronavirus les está dando la razón.

Las empresas más grandes del planeta empiezan a invertir billones en la nueva carrera espacial creyendo que ese es el futuro. Se estima que invertirán 4 billones de dólares en los próximos 5 años, pero esto no es nada si lo comparamos con la millonaria industria de las armas.

En el 2019 EE. UU. representó “solo” el 36% del gasto mundial en armas, gastó en “defensa” 649,000 millones de dólares en el 2019, para este año la cifra es de 716,000 millones. El gasto mundial en armas este año bordea los 2.5 billones de dólares (2,500,000,000,000). El presupuesto en salud de ese mismo país (según https://es.statista.com/estadisticas/634404/gasto-en-sanidad-en-estados-unidos/) fue de 3,868 millones (185 veces menos que el presupuesto militar).

El señor Trump presentó ayer el presupuesto de EEUU para el 2020 con aumento de 4.5% en gasto militar, 12% de aumento para la NASA y recortes en salud, educación y gasto social. Incluye 8,500 millones para terminar el muro en la frontera con México.

Si el gasto militar es “tantísimas” veces más grande que el gasto en salud o educación no hay que ser Einstein para darnos cuenta que no estamos siendo gobernados por médicos o filósofos.

De lo macro a lo micro.

Si seguimos el aforismo: “si quieres saber la verdad sigue la ruta del dinero” y sabiendo que las armas es el negocio más lucrativo en el mundo y las armas las manejan los militares parece que estamos en serios problemas. Ciertamente no están dando muestra de mucha inteligencia. El tema de la sostenibilidad –no del planeta sino solo de la especie humana- sigue siendo para ellos cosa de hipees.

Si la ley fundamental del código castrense es: “Las ordenes se cumplen sin dudas ni murmuraciones”, antes de militarizar la sociedad -como ha ocurrido en el último mes- por lo menos hubiera venido bien una capacitación al personal, aunque sea una breve charla que les cuente que los civiles no son el enemigo. Y si bien hay personas que aún no entienden la gravedad del caso hay maneras más creativas de hacerlos entender que agarrarlos a cachetadas. El sorprendente apoyo que un paleolítico sector de la opinión pública le ha dado a un militar abusivo que golpeó a un adolescente, no se explica sino en el irracional miedo que nos hace actuar de forma cada vez más animal.

¿Cuál es el punto en una situación como esta?

Definitivamente mantener la calma, mantener el centro. En este caso perder la calma no significa salir a la calle a gritar desesperadamente. Mantenerla significa tener una posición abierta, centrada y sobre todo crítica frente a la información circundante. Mantener la calma para poder pensar con lucidez, sin fanatismo de ningún tipo y ver con claridad cómo este tipo de situación extrema va ha hacer que aflore lo peor o lo mejor de ti.