La alquimia de la semilla

Conciencia, 26/oct/19

![](http://www.ayahuasca-ayllu.com/storage/app/media/corazon%20de%20semillas.jpg)La

Tierra es el lado femenino de lo masculino, mi abuela paterna, el equilibrio de lo masculino, lo material. El Fuego es lo extremo, lo abismal, lo masculino de lo másculino, el padre de mi padre, lo racional. El Agua es lo femenino de lo femenino, la madre de mi madre, lo contemplativo, lo moderado, lo emocional. El Aire es el lado masculino de lo femenino, el padre de mi madre, el verdadero equilibrio, el Amor. De los cuatro, los tres primeros pertenecen a una categoría diferente gobernada por la dualidad, tienen polaridad, tienen luz y sombra. En la construcción de la identidad, una parte del ser se define por afirmación y por resonancia. Esto soy yo, esto me agrada, resueno con esto. Otra parte se define por oposición, todo lo que no soy, esto no me agrada, no resueno con esto. La patología es creer que mientras más denigro o rebajo lo que no soy, más enaltesco lo que soy. Entonces la valoración de mi ser -que hasta esta etapa es solo personalidad- está en función de menospreciar lo que no soy y sobre valorar “lo que soy”. Inicialmente desarrollamos este tipo de inteligencia que produce crecimiento y estructura pero también sufrimiento interior y exterior. Al desarrollar la segunda inteligencia (la emocional), la capacidad de percibir mis emociones me lleva a discriminar entre las posibles calidades de las emociones que genero. Al pricipio -durante la formación de la personalidad- sentiremos un oculto placer descalificando y denigrando lo que no soy para engrandecer lo que soy. Esto nos hace sentir que somos mejores que los demás y no hay ser en la tierra que en algún momento no pase por este pensamiento. Parafraseando a calle 13, el verdadero idiota es aquel, que cree que todos son idiotas, menos él. (lo aprendí de mi hija). Los de arriba creen que los de abajo son idiotas, los de abajo creen que los de arriba son idiotas. Yo no creo que hay idiotas solo veo distintos intereses (aunque algunos inetereses a veces, me parecen un poco idiotas). Pero al estar sometidos aún a la ley de la dualidad vamos de un polo al otro. Un día nos sentimos los seres más inteligentes del mundo y que nadie nos comprende, otro, sentimos que no servimos para nada y como los alcoholicos queremos tranquilizar los nervios bebiendo más alcohol, es decir, para recuperar la autoestima debemos seguir descalificando. Cuando nos volvemos conscientes de todas estas emociones generadas a partir del desprecio (y que identificamos como la causa de nuestra infelicidad) y percibimos su calidad, es probable que ya no sintamos tanto placer en hablar mal de nadie ni de nada. Paralelamente esta expansión de consciencia -generada a través de percibir la calidad de las emociones- trae una mayor inteligencia (comprensión) del orden universal y por qué las cosas tienen que ser de esa manera (y no como nosotros queremos). Se abandona esa visión estacionada, rígida, dogmática, paralizada y paralizante (si yo no soy libre tampoco nadie lo debe ser) para empezar a entender que todo es un orden sujeto a un proceso, es decir un orden dinámico. Cuando somos conscientes del costo energético que representa pasar tantas horas al día menospreciando a los demás y reafirmando lo propio, es probable que nos espantemos pensando en que se nos va la vida y si esta es realmente una manera apropiada de honrarla. La alquimia del proceso empieza cuando las semillas -que representan la Tierra-tienen que pasar por la llamada fase de Hidratación. Aquí se inicia el proceso de absorción, en el, uno se sumerge en el mundo emocional, al punto que para mucha gente, no hay más nada sino emociones. Solo un esporádico palpitar de la consciencia (el embrión) nos recuerda que no todo en la vida son emociones, sino que también pueden coexistir con otras manifestaciones, quizá un poco más racionales, quizá un poco más amorosas (entendiendo la abismal deferencia entre el Amor y las emociones). Durante la fase de hidratación se manifiesta un incremento de la actividad respiratoria, es decir el Aire empieza a manifestar su labor. La siguiente fase se llama Germinación. En esta fase se da propiamente el inicio del proceso de transformación. Podemos tener la semilla (Tierra) perfectamente hidratada (Agua), con suficiente cantidad de Oxigeno (Aire), pero a un grado centígrado de temperatura no pasará nada. Es recien cuando el Fuego manifiesta su Poder (preocúpate si en tu vida no hay fricción) iniciando la actividad metabólica. El metabolismo -también sujeto a la dualidad- es un proceso que consta de dos fases: Anabolismo y catabolismo. Para no extraviarme en otro apasionante tema me bastará relacionarlos con todos los procesos opuestos y complementarios. Empezando con vida y muerte, análisis y síntesis, juntar y separar o como decían los alquimistas “Solve et Coagula”. Muchas muertes y muchos renacimientos habrán de suceder antes que el Tiempo disfrazado de Aire nos de su magistral lección. La tercera fase se conoce como Crecimiento. La semilla germinó, pero esto no es garantía de nada. La verdadera alquimia sucede cuando los cuatro elementos -actuando en conjunto- generan ciertas enzimas que permiten transformar las reservas en verdaderos nutrientes. La enzima alfa amilasa destruye el almidón y lo trasforma en glucosa. Así el embrión se nutre de sus reservas como la consciencia (el Corazón) se nutre de la mente. Todo lo vivido, todo lo “sufrido”, todo lo que se empozó en la resaca del alma cobra sentido y puede ser mirado con cariño, con gratitud. La planta crece, la flor florece. La máxima expresión de belleza del reino vegetal son las flores, en ellas están los organos sexuales de la planta, en sus colores vivos está el poder que atrae a los insectos para facilitar la polinización. Una vez cumplida su misión la flor decae, la semilla permace.

Cada ser es una semilla, fruto de la vida y el amor del universo.