Pensar como un punto o pensar como un cuerpo

Conciencia, 12/abr/20

No solo existe una dimensión horizontal, un océano de heterogeneidad en el cual la divina diversidad se expande casi sin límite; La diversidad también existe -la palabra más importante es también- como una dimensión vertical poblada por infinitas partículas, átomos, seres ORDENADOS por gravedad. Lo más pesado, lo más “grave” se encuentra abajo, pegado a la superficie de la tierra, lo más sutil inevitablemente se eleva. Así nos enseña la Madre Naturaleza.

Si hiciéramos el esfuerzo por complementar en ambos extremos una paleta de colores, un arco iris de cualidades que resuenen o se vinculen con aquello que nos eleva y nos libera o lo que nos mantiene atados en la superficie, tendríamos el cuadro completo. Fin del juego.

Cada acto, cada palabra, cada pensamiento tiene una cualidad directamente relacionada con lo denso o lo sutil -y aunque no lo sepamos- esto es lo que define nuestro rumbo. Vamos para arriba o vamos para abajo. Lástima que nunca hayamos vivido tiempos tan confusos en los que creyendo hacer el bien podemos hacer tanto daño.

Cuando te revuelca una gran ola pierdes completamente el sentido de donde es arriba, abajo, derecha o izquierda, tienes que esperar una fracción de segundo a que el poco oxígeno que queda en tus pulmones te marque nuevamente el rumbo, una vez que lo tienes claro, ¡nada con fuerza! Antes no, te puedes ir más abajo.

Me queda claro que los que tomaron gradualmente el control del destino de la humanidad no solo fueron fuertes sino también despiadados e insensibles, pero sobre todo CONFUNDIDOS.

Quizá su logro más elevado haya sido el moldear una masa bastante homogénea, que dio su consentimiento pacífica y voluntariamente, para ser despojada de todo.

Desarrollaron una experimental forma de vida en la que la membrana celular tiene la mínima medida posible para poder existir y esta se expresa como la poca capacidad de intervención, o de reflexión que es la capacidad de filtrar o reinterpretar la realidad.

“Afuera” es muy poco lo que puedo hacer, “adentro” es mucho. Adentro soy Dios o me encuentro con Dios -como prefieran- y juntos contemplamos que nuestro poder de no odiar es infinito. Nuestro poder es entender cómo desde la ignorancia, el egoísmo, la arrogancia, la ingenuidad o desde la intuición y la humildad, cada ser hace lo mejor que puede.

Para algunas personas bastantes confundidas, solo existe lo horizontal (y en términos muy relativos) es decir, ven la vida y la evolución como una línea de tiempo en la que en el pasado sólo existen los primitivos que viven en cuevas y en el futuro los sabios homo sapiens que viajan a Marte.

Ignoran por completo que el ser humano desde su origen tuvo acceso a una sabiduría sin límite que se encuentra en esa dimensión vertical que llamamos CONCIENCIA.

Los que se pelean con ella, los que deliberadamente la ignoran y la desprecian, los que la manipulan, no saben realmente lo que se están perdiendo.

Hasta ahora hemos descrito un universo de dos dimensiones que solo tiene largo y alto y podemos ubicar nuestras coordenadas con mayor o menor certeza y encontrar “el punto” de nuestro ser en este imaginario “plano cartesiano”.

Esto de las dos dimensiones se pone divertido, porque quizá sea la imagen que permite vernos en forma multidimensional qué es lo que somos y qué es lo que queremos ser.

Si asumimos que entendemos esto de las dos dimensiones -que ya es bastante- en realidad no hemos entendido NADA. Porque lo único que puede existir en dos dimensiones es un punto.

Si la definición de punto es: Algo que ocupa un lugar en el espacio; entonces ¿es eso lo que queremos ser? algo que ocupa un lugar en el espacio. ¿Así queremos limitar y definir nuestra existencia?

Un punto no es ni siquiera consciente de su mundo emocional (segundo altar).

Claro que el punto se puede casar, tener puntitos, escribir librito o tener un billón de ceros detrás, pero sigue siendo un solitario y pinche punto.

¿Cuál es el destino o el futuro de un punto (a parte de llenarse de ceros) ?

Cuando pienso que lejos estamos de habitar conscientemente todas las dimensiones que nos han regalado, a veces me asusto un poco. Es casi imposible valorar lo que nos estamos perdiendo, porque justamente es tan grande que no cabe ni en la imaginación. Entonces me aferro a lo que no soy, a lo que ya conozco, a lo que tengo y digo que esa es la realidad y a eso llamo ser “positivo”.

Quizá ignoro que no solo soy mi paupérrima realidad -comparativamente hablando- sino TAMBIÉN todo mi potencial. (Pausa mínima de 30 segundos, respira).

¿Cuál es el potencial o el posible devenir de un punto? Convertirse en un cuerpo, aquí es donde surge la tercera dimensión: la profundidad. Llevo años diciendo que este es el gran cambio que la humanidad espera, pasar del 2 al 3.

Ciertamente porque lo ignoramos es que nadie busca la alegría, la ligereza, la felicidad, la libertad y el amor en la profundidad. La profundidad tiene una absurda y oscura etiqueta de sufrimiento que no es más que una mínima costra que se cae a pedazos una vez que empiezas el proceso… el resto, algunos hindúes lo llamarían ANANDA. Felicidad infinita.

Si basamos nuestra felicidad solo en el consumo de los recursos naturales externos, estamos fritos, porque son agotables mientras que los recursos naturales internos son infinitos.

Especialmente en estos tiempos resulta patético que haya personas con tantos ceros que no puedan o no quieran hacer nada por aliviar el sufrimiento y que además nos quieran imponer el 5G. ¡Esta es ya la cereza del pastel!

Como decía mi querido Bob Marley: Estoy un poco triste porque en el planeta hay gente tan pobre, pero tan pobre que solo tienen dinero. La dimensión de la profundidad se crea cuando un punto se convierte en dos y luego en un trillón y se crea un cuerpo. Y lo que le pasa a un punto le pasa al cuerpo.

Hace miles de años ya lo habían entendido: (en quechua) Noqa qani can, cantaqmi qanqi noqa: Yo soy otro tú, tú eres otro yo. El problema más grande NO está en saber está en NO olvidar. No olvidar que “yo” soy solo otra versión de ti mismo, un poco más densa o un poco más sutil, pero básicamente somos lo mismo.

Cuando el punto solitario y egoísta, cambia de paradigma y se integra al cuerpo empieza entonces a entender la maravilla de trabajar para el bien común.

Imagínense lo que puede hacer un solo punto, una sola célula y lo que puede hacer un cuerpo.

Esta visión de “cuerpo” solo es el intelecto, nuestro tercer altar. Imagínense cuánto nos falta para llegar al verdadero AMOR.