La sagrada ley de analogía

Conciencia, 23/ago/20

La sagrada ley de analogía nos permite comprender lo desconocido en base a lo conocido. Luego de una profunda y objetiva observación de nuestra realidad material vamos adquiriendo cierto entendimiento de las leyes que lo gobiernan. Todo conocimiento aporta algo en nuestro proceso. Desde las leyes de Newton a la física cuántica ha habido un salto importante pero aún insuficiente para responder a la permanente necesidad de buscar equilibrio y pararnos en el correcto lugar frente al misterio de la existencia.

Todo lo que crece no puede ignorar la necesidad de equilibrio sino está ya condenado a su temprana auto destrucción.

Imagínense un árbol muy grande pero con raíces muy pequeñas, o un rascacielos sin profundos cimientos o cuerpos humanos con los pies muy pequeños. Todo en la naturaleza está regido por leyes de proporcionalidad, hay una en concreto que se conoce desde hace miles de años como la proporción áurea. Desde los sumerios, pasando por los egipcios, griegos y romanos conocieron y aplicaron tanto en arquitectura como en diversas artes este conocimiento. Hasta nuestras actuales tarjetas de crédito siguen la regla del rectángulo áureo. Estudios muestran que entre más de 10 opciones de formas el cerebro humano reconoce el rectángulo áureo como más atractivo (entonces no es que todos los dueños de los grandes bancos sean ignorantes, pero digamos que lo aplican estrictamente para intereses materiales).

La sagrada ley de analogía se conoce desde hace miles de años a través del enunciado “Como es arriba es abajo”, sin embargo la gran mayoría de personas lo toma de la forma más literal creyendo, por deformaciones religiosas, que existe un “arriba” y un “abajo” y si bien es cierto que en un sentido si existen, no deja de ser una verdad parcial, es decir una mentira relativa. Claro que existe un arriba de la mesa y un debajo de la mesa pero quizá no estamos viendo que existen millones de abajos y arribas. Por eso la siguiente ley tan importante como la primera es la ley de fractalidad.

Desconocemos como la llamaban en el mundo antiguo, pero es un hecho que la conocían. En las antiguas civilizaciones pre-Incas las vemos expresadas principalmente a través de los textiles ya que fue una de las formas de comunicación más importantes. En el mundo moderno fue el matemático polaco-francés Mandelbrot quien acuñó el término y lo popularizó. Sin embargo no deja de ser un concepto – para muchos – bastante abstracto, escurridizo y carente de aplicación práctica.

Por el contrario yo lo veo como la ley más práctica y concreta y que nos ayuda a comprender lo que no se ve en base a lo que sí se ve.

En fotografía se clasifica el espectro lumínico en base a la temperatura de color que va desde los cálidos rojos a los fríos azules, y si bien se puede hablar de 7 colores en realidad hay millones de colores y cada uno está definido por una frecuencia vibratoria. Quizá la forma más clara de entender esto es a través de la música porque aporta el importantísimo concepto de octava. Todos sabemos que la música melódica se expresa a través de notas musicales (do, re, mi, fa, sol, la, si) y luego se repiten todas en la misma secuencia en una octava superior. ¿Qué significa una octava superior? Significa que la nota que empieza la siguiente octava tiene exactamente el doble de vibraciones por segundo que se expresa en hertzios (el oído humano capta desde 20 hertzios hasta 20,000) y todo este sistema visto desde la ley de fractalidad nos dice que así como existe una manifestación sonora que podemos oír existen manifestaciones sonoras que no podemos oír por limitaciones de nuestro sentido auditivo. A nuestro rango de percepción auditiva la llamaremos “la primera octava”, pero por analogía y fractalidad sabemos que existe sonido por encima y por debajo de nuestro rango de audición.

En forma análoga existe información importante que nuestro intelecto no está captando.

Así nuestro intelecto recibe toda la información captada por nuestros sentidos (y a esto llaman realidad) olvidándose o ignorando que existen millones de manifestaciones (vida) tanto hacia arriba como hacia abajo diferenciándose únicamente por la conciencia que cada octava o nivel expresa.

Entonces, una vez identificada nuestra octava fundamental, que es esta realidad material, seríamos cortos y perezosos al no querer asumir – primero intelectualmente y luego prácticamente – que existe otra realidad inmediatamente superior (más sutil) que no se ve pero se siente o más propiamente se percibe con otros sentidos que no son materiales. Así como por encima del mundo material existe un mundo de energía electromagnética que no ve con los ojos pero se manifiesta de muchas maneras, en la siguiente octava de nuestro mundo se da nuestro mundo emocional.

El mejor ejemplo para entender nuestro mundo emocional es la energía eléctrica. No se ve pero se siente… Te puede iluminar per también te puede matar… Todos vemos como llegan a nuestras casa unos cables que se reparten entre las paredes y acaban en unos terminales donde conectamos nuestros aparatos. No vemos la corriente eléctrica sin embargo es la energía que mueve el mundo. Bueno, igual pasa con nuestras emociones, no las vemos claramente pero es la energía que nos mueve y mueve al mundo. Si bien como “homo sapiens” llevamos un millón de años sobre la tierra, es solo apenas hace un siglo aproximadamente somos conscientes que el ser humano puede sufrir desequilibrios en su salud emocional que pueden afectar gravemente su salud física.

La psicología como “ciencia” no tiene más de 100 años, está todavía no en pañales pero sí en pantalones cortos. Aunque ya en las últimas décadas hemos visto grandes aportes desde la psicología transpersonal, o la Gestalt o la psico corporal, seguimos aplicando una escala de percepción y de medición muy limitada. En pocas palabras, más allá de una escuela o otra, si la percepción del terapeuta está limitada dentro de los estándares promedio es poco lo que puede aportar. ¿Cómo puedes reparar una maquina que no conoces? Quizá lo único que puedes ver es si está conectada o a lo más cambiar un fusible, pero ¿qué sabes de circuitos, chips o integrados?

Creo que no es muy difícil ver como hasta ahora nos hemos desarrollados en forma totalmente desequilibrada, privilegiando el desarrollo material y tecnológico y olvidando el desarrollo emocional que es lo que nos equilibra como seres humanos. No lo pongo en términos negativos, todo lo contrario, creo que el verdadero problema es no ver que como humanidad todavía estamos al comienzo de nuestra evolución y no como pienzan algunos, que ya estamos listos para conquistar la galaxia.

Veo una hermosa y adolescente humanidad pero jugando con armas muy peligrosas y a punto de destruirse por ignorancia, arrogancia y egoísmo.

El punto es ¿cuánto tiempo le queda a esta adolescente humanidad antes de descubrir que el Fuego quema y que te puede destruir? No hay profeta que tenga esa respuesta porque realmente, el futuro está en tus manos.

Descubrir el verdadero poder que tiene el mundo emocional -para esta humanidad- va a ser un hecho 100 veces más relevante que el “descubrimeinto” de Ámerica.

¿Puede seguir viviendo totalmente desconectado de tus emociones? claro que sí se puede, solo que quedaríamos reducidos a nuestra mínima expresión.

La percepción de tus emociones muestra el punto exacto en el que te encuentras como humanidad. Observemos nuestras emociones y veamos si todavía disfrutamos de emociones oscuras o violentas asumiendo que “son humanas”. ¿Qué palabras usamos para rechazar algo con lo que no estamos de acuerdo? ¿Se justifica la violencia en nuestras palabras incluso para defender lo justo? ¿o será una falta de recursos y creatividad lo que nos lleva a expresarnos de forma tan violenta?

Soy un convencido que las formas violentas muestran un escaso desarrollo, pues la forma se ordena de lo grotezco a lo bello y nada más grotezco que la violencia en cualquiera de sus manifestaciones incluso a través de la inacción.

Para los mal llamados “indios americanos” (porque nunca fueron ni indios ni americanos) El camino de la belleza fue la senda sagrada que los conducía a la sabiduría. Que la belleza esté contigo.